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El cinéfilo duro se encuentra como John Wayne frente al avance de la civilización. Desorientado, resignado, expulsado, tiene que escuchar cosas como “no se puede entender el cine de hoy sin ver T.V.” o “The Wire no es televisión, es cine”. Intimado a retirarse para siempre de la vida social si no se adapta a los tiempos que corren, decide con culpa, desconfianza e ignorancia, asomarse al control remoto. Unos redactores, siempre solidarios, le hacen un lugar en el sofá a cambio de un lugar en el caballo. por Patricia Fernández y Daniel Alaniz.
Para empezar, nada mejor que una sitcom, algo así como las rueditas de la bicicleta tevéfila. Las sitcoms son en general comedias livianas que se emiten diariamente en capitulos de treinta minutos y éstos normalmente tienen una trama que "empieza y termina", por lo cual si nos perdimos un par de capitulos, podremos seguir la historia sin problemas. La recomendación va para Titus. Calificada de "oscura" "cruda" y "extrema", relata las vivencias de Christopher Titus, mecánico de profesión, que se dedica a tunnear autos y de cómo se relaciona con su disfuncional familia y amigos. Christopher nos cuenta en los primeros capítulos que su madre está en un instituto mental, su padre es un borracho que lo minimiza y al hermano le faltan un par de jugadores, sin mencionar que la novia lo tiene cortito, aunque lo quiera. Titus es una buena opción para quitarse un rato el peso de las obligatorias Friends o Seinfeld.
Para quien realmente tiene ganas de seguir una serie, engancharse, tal vez hasta dormir un poco menos, "un capitulo más y juro que apago", va muy bien Lost. Bah, en realidad un redactor mira de reojo y hace zapping en otra tele. Pero el otro dice que en tren de series adictivas, Lost no podría quedar afuera. ¿Qué tiene Lost? ¿qué es?¿ de qué va?. Trescientos y pico de pasajeros se suben a un vuelo que parte de Australia con destino a Los Angeles. El avión se estrella en una isla. Sobreviven 48. Gritos, sangre, pedidos de auxilio fallidos... lo normal en estos casos. Cada sobreviviente tiene una historia detrás, un pasado del que tal vez la isla los libere. Es que la isla es un personaje más que les permite "empezar de cero". Y más adelante veremos que todos ellos están relacionados entre sí , o que ya se conocían en alguna vida paralela. Ese es el punto de partida. Los capítulos están narrados de tal manera que logran que cada personaje al que retratan resulte totalmente identificable. Y así, en cada capitulo, se van abriendo nuevos misterios: quién es quién, qué es esa cosa, cómo seguirá. El desarrollo de Lost es admirable, pero hacia el final abre tantos misterios e interrogantes que uno no recuerda bien dónde está parado, al punto de haber generado fuertes desilusiones en sus seguidores más aserrimos.
Si eso de seguir series resultó (el cinéfilo duro mastica tabaco y calla pero con sus ojitos pide más), ya se sabe cómo es esto: la primera te la regalan. The Wire, la segunda, te la dan. Cinco temporadas que van tocando distintos temas policiales, drogas, corrupción, la ruta del dinero, todo desarrollado en Baltimore. La ruta de la droga es extensa, se sabe, pero acá el foco se centra en esa ciudad en la que el 80% de la población es negra (o afroamericana, según el grado de corrección política) para expandirse como los mejores relatos. Cada una de las cinco temporadas muestra una pata de la silla deforme capitalista. La primera, lo dicho, el tráfico de drogas en los barrios y la conformación del equipo policial para investigarlo a través de escuchas (de ahí el título de la serie); la segunda se mete en el mundo de las aduanas, las conexiones con otros países (otras mafias) y el rol de los sindicatos; en la tercera la políctica electoral: un blanco con la idea descabellada de salir electo en Baltimore y las cosas a las que se tiene que enfrentar y las que tiene que hacer; la cuarta, y la mejor por lejos, trata el tema de la educación a través de un ex policía que se vuelve profesor, los picos de emoción a los que llega la serie en esta temporada no se pueden comparar con los de ninguna otra serie y lo más admirable es que siempre llega con armas nobles, sin caer nunca en golpes injustificados; y la quinta y última toca la puerta de The Sun, diario de Baltimore, para meterse con el periodismo siempre cómplice.
Se puede asegurar que pasados los primeros capitulos de la primera temporada, el cinéfilo estará hablando como un negro nacido y criado en "The Projects" (esas torres en donde la droga se vende como pan) y silbando la canción de apertura, que se reversiona temporada tras temporada y siempre es perfecta. Y no se sabe si The Wire es tele o cine o qué cosa, pero sí que es grande, que el respeto con el que retrata a todos sus personajes (y a todos quiere decir desde un chico que va a la escuela hasta un narco al que no le tiembla el pulso si tiene que mandar a matar a un chico que va a la escuela) es ejemplar, que el esfuerzo por comprender y el conocimiento responsable con el que se tratan los temas también lo son, que el pulso narrativo con el que avanza temporada a temporada es magistral y que la épica que logra relatar no se vio nunca por t.v. y es de las que vienen escaseando en la pantalla grande.
Fah, hasta el caballo llora. ¿Cómo seguir después de ésto? No hay Mr Ed que aguante. Con algo que descomprima. Sí, unas comedias. Pero no se puede continuar con algo menos genial, así que abrámosle paso al más genial de la T.V: Larry David.
Después de haber creado Seinfeld y revolucionar el mundo de las sitcom, después de haber llevado la comedia deadpan al prime time y después de sepultar para siempre a las sitcom cuando decidió que Seinfeld no iba más, el calvo más gruñón del mundo volvió para marcar otra vez el rumbo del humor inteligente en la caja boba. Es que la estética realista, casi de reality, que utilizó en Curb Your Enthusiasm, después fue tomada por Extras, The Office y hasta por Arrested Development. Ese humor realista que se puede cosiderar EL humor de la década y que David utiliza para ser más terrorista que nunca. Su avanzar torpe, su falta de ubicación, son armas que emplea en la guerra sin cuartel contra el sentido común pequeño burgués. No hay mucha diferencia entre Larry David y Nanni Moretti. O tal vez sí, el cansancio, la idea de que rendirse es también encontrar a la impunidad como aliada. Larry David no confía en “la gente” ni en un cambio y eso lo hace mucho más distendido, más efectivamente malvado.
Y si hablábamos de Arrested Development, ¿por qué parar?. Mezcla entre Curb your Enthusiasm y Los Excentrícos Tenembaum, la serie de tres temporadas también arremete contra las clase altas pero en este caso la locura hace mucho más amenos, más simpáticos, a sus personajes. La historia es simple. Una familia cae en bancarrota tras la captura de su padre y líder (Jeffrey Tambor) y uno de sus hijos (Jason Bateman) tiene que hacerse cargo del negocio y de una familia miserable hasta lo descostillante. Además de meter mil chistes por minuto, todos perfectos, la serie tiene el mérito de haber dado a conocer al mundo a Michael Cera.
Bonus track: Hay que volver al pasado para ver la influencia de la T.V. en el cine y remontarse (el caballo mira de reojo) a 1999, cuando Judd Apatow -el presente absoluto de la comedia americana- producía y dirigía la serie de culto Freaks and Geeks, que mostraba una generación de adolescentes en los fines de los setenta. Todo Apatow estaba ahí: el humor guarro mezclado con la nostalgia romántica del tiempo que se va, el uso de la música, los actores, el crecimiento de los personajes y hasta las moralejas. Dos temporadas que sacan chispas en las carreras de kartings y lágrimas en los bailes de egresados.
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Si uno quiere empezar muy bien y terminar mal y enojado, recomiendo Lost. Para reír locamente recomiendo Extras, Arrested y, claro, Freak and geeks. Para emocionarse recomiendo Extras, Arrested y, claro, Freak and geeks.