Amamos tanto a Carpenter

 John Carpenter

Falta poco. Se viene finalmente el estreno de Atrapada, la nueva película de John Carpenter, uno de nuestros directores favoritos. Y para ir calentando los motores les dejamos una nota que escribió un redactor en clave fan cuando se enteró de que su (nuestro) ídolo, después de muchos años, volvía a la pantallota.  por Mariano Torres

 

 

A veces sucede: la cámara hace foco en una interpretación perfecta, el guión resalta frases destinadas a la fama, la producción no se demora (mucho) más de lo necesario y, tras un estreno inesperadamente ovacionado, nace una estrella: el nuevo director del momento. Si los astros de Hollywood se alinean (los europeos también brillan, pero con menor pomposidad), las condiciones están dadas: nace una leyenda, un Ciudadano del séptimo arte, un nombre, un mito, una marca, un emblema, e infinidad de sinónimos más que denotan grandeza. Aparece la figura del autor: un tal Welles, Wilder, Kubrick, y hasta ante la espectacularidad del denominado blockbuster, emergen Spielbergs, Zemeckis, Jacksons, Finchers, y tantos otros. Reconocidos aunque infames, es cierto, también hacen escuela los mediocres, donde en Bay, Schumacher y más, la industria se regodea y por un momento deja atrás esa etiqueta de “arte”, ejecutando bien o mal una fórmula. El cálculo rinde, el film es un éxito, y el ciclo se renueva. Los libros de cine repasan lo hecho, y se conocen así los buenos, los malos y los feos.

Hay, sin embargo, zonas grises apenas rescatadas por sus fervientes fanáticos. “El que hizo ese delirio”, “el que tira las mejores frases (en inglés: one-liners)”, “el que es fiel a su estilo siempre”, y un largo etcétera que por momentos se asemeja a la descripción de una estrella de rock. Aparece un nuevo término, “director de culto”, y así como si nada, de pronto nuevos realizadores-estrella como los Tarantinos, Rodríguez y Singers del mundo gritan su nombre a los cuatro vientos. Y es así como ahora reaparece un héroe anónimo, injustamente olvidado, que tras años de autoexilio anuncia su retorno. Reaparece un tal John Carpenter, y dice que esta vez sí, que esta vez es real, su nuevo proyecto existe y se llama “The Ward”.

La nostalgia es inevitable, merecida y necesaria: la buena memoria recuerda que, después de todo, se trata del hombre que comprendió que el suspenso no son altos decibeles repentinos, sino más bien una amenaza en un sólo plano acechando lentamente por detrás de la protagonista (Halloween), que los efectos especiales ayudan -y mucho- pero no serían nada sin una excelente caracterización de los personajes (The Thing), y que el heroismo generalmente pierde, aunque sea por una buena causa (They Live), y pocas veces, a lo sumo, si no la gana la empata: Snake Plisskens (Escape de NY y de LA), y su filosofía de “si me caigo, me llevo a todos ustedes conmigo”.

Como si fuese poco, el maestro de los one-liners mencionados anteriormente da lecciones de autoestima y clases de filosofía: “vine a mascar chicle y patear traseros… y ya no me quedan más chicles” ( George Nada, They Live), “Si desaparece el tercer mundo, ustedes ganan, ellos pierden… si desaparece Norteamérica, ellos ganan, ustedes pierden… cuanto más cambian las cosas, más se quedan iguales…” (Snake Plisskens, Escape de LA), y “Ya no existen los héroes, sólo hombres siguiendo órdenes” (Captain Collins, Asalto al Precinto 13).

El público (uno muy reducido pero notorio por su fanatismo), festeja enérgicamente, repasando una y otra vez las lecciones aprendidas, los tics de sus protagonistas, sus fortalezas, sus debilidades, sus errores y sus aciertos. El director deja la sala, entrega una última película sólo apta para incondicionales (Fantasmas de Marte), y la pregunta flota en el aire: ¿será ésto lo último? ¿tan apagada es la despedida? Algunos esbozan teorías: “se cansó de la industria” (que nunca le gustó demasiado), “no tiene nada más para contar”, “está viejo”, “igual, ya no era el mismo de antes”, o la más factible de todas: “está en su casa con el proyector de cine apagado pero la consola de videojuegos prendida, y dice que ahí están ahora las buenas historias”. Cuando algunos, respecto a esto último, coquetean con hasta darle la razón, el mismo hombre que lo fundamenta retira lo dicho y anuncia lo inesperado: habrá un regreso y será grande, quizás un triste adiós, o cuando menos una sorpresa entre tanta redundancia del género, o, caso contrario, no será nada. Aún si fuese ésta última, ya hay de por sí esperanza, e insiste en que se llama The Ward. El trailer poco a poco entusiasma, y los despiertos fanáticos despabilan al resto de los mortales cinematográficos. El héroe anónimo, el oculto influyente, el artífice del cine de culto está de vuelta. Y unos cuantos ya lo están esperando

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