No cabe duda. El género del terror está pasando por un buen año. Todavía pelea para mejor película de 2011 Piraña 3D, las sagas funcionan (Scream 4, Destino final 5), regresaron Carpenter y Romero y en estas semanas se estrenaron dos producciones Del Toro que manejan un más que digno nivel (No le temas a la oscuridad y Splice), más esta remake del clásico ochentero, La hora del espanto.
Es bueno que en tiempos de vampiros traumados, histéricos y castrados se estrene esta película, que ya desde su afiche prometía lujuria terrorífica. Uno de los mejores momentos musicales del cine y de los momentos musicales más sexys, lo tiene su versión original, con sus reencuadres cortados, cuando el vampiro de por ese entonces (Chris Sarandon, que acá hace un cameo rutero) le morfa el cuello a una rubia y el protagonista teen descubre por primera vez que espiar por la ventana puede ser mucho más excitante y peligroso de lo que creía.
Es que La hora del espanto, la original, era una reversión (otra) de La ventana indiscreta, que tal vez encontraba más parentezco en la, por ese entonces reciente, Doble de cuerpo depalmiana, película dentuda si las hay. Un adolescente de pelo en mano fisgoneaba por la ventana y se encontraba con más carne de la que era capaz de tolerar.
Lo interesante de esta nueva versión, Noche de miedo, es que parece una película cansada del clásico voyeurismo cinéfilo y sabe que el horno no está para seguir calentando la pava. Noche de miedo quiere comerse el pollo con la mano, caliente o frío, crudo o cocido, da igual. Por eso, la cantidad de acción que tiene esta película es mucho mayor: desde que el vampiro se invita solo y entra por la puerta más grande de todas, que la película se convierte en un vértigo rutero y sangriento donde todo funciona. Están bien los actores de la factoría Spielberg (Anton Yeltchin y Toni Collette), la rubia infartante (Imogen Poots), el amigo nerd (gloria y loor a Christopher Mintz-Plasee ) y el cazador de vampiros inglés, antes interpretado por Roddy McDowall (David Tennant).
Pero Noche de miedo es mucho más de lo que ya es gracias a Colin Farrell. Ya se equivocaban todos los que confundían los gestos sutiles y parcos de Sonny en la enorme Miami Vice, de Michael Mann, con una actuación “de madera”. Y seguro ni vieron esos pocos minutos luminosos en Loco Corazón, haciendo paredes con Jeff Bridges. Pero este es el año. Junto a Jennifer Aniston (una de las mejores actrices actuales) aparecía poco pero rompía todo con ese personaje merquero en Quiero matar a mi jefe, una película que, seamos honestos, no tiene mucho más que unos buenos chistes y las actuaciones de los ya nombrados más Jason Bateman.
Acá, es algo más. Como la película toda, su galán pierde en elegancia y gana en chonguez con respecto al vampiro anterior (al que, por cierto, se lo mangia de un saque) y esa violencia animal impregna todo su personaje. Sus miradas cancheras se mezclan con olfateos manijeros de sangre y su lado más salvaje se presenta con una risa balnquísima, llena de buenas intenciones. Como le dice al personaje geek de la película: “vos en realidad te morís de ganas de que te muerda”. Colin Farrell es la garantía de que este infierno será encantador.
Noche de miedo (Fright Night, Estados Unidos/2011), de Craig Gillespie. Con: Colin Farrel, Anton Yeltchin, Toni Collette, Christopher Mintz-Plasse. Distribuidora: Buena Vista International. Duración: 106 minutos. En salas 2D y 3D.