Someone’s watching me
Por Victoria Ceccotti


 

Película: Invasión a la privacidad
(The Resident)

Dirección: Antti Jokinen

Origen: Estados Unidos/2011

Fecha de estreno: 15 de Septiembre de 2011

 
 

Una de las sensaciones más terribles que produce el cine es la culpa de ver sin ser visto. Es ese sentimiento repentino que surge cuando un personaje ve algo que de otra forma le sería vedado. Es por eso que mirar desde un punto de vista anómalo nos genera una satisfactoria incomodidad. Sucesivos planos desde ventilaciones, tuberías y falsos espejos, generan una tensión que mezcla el deseo voyeur (deseamos que efectivamente haya alguien más mirando con nosotros) con el compromiso que se puede establecer con la película y con las leyes de la física. La observada es Juliet, de cerca, con sus piernas empapadas por el agua de la ducha, con todos los músculos tensos al correr, con la piel resbalosa por la crema que se pone. Su cuerpo declara a los gritos que está presente en toda su fisicidad.

Juliet busca dónde vivir y lo que se supone es la suerte, la cruza con Max, el dueño de un edificio que le alquila uno de sus departamentos. Hay algo en cómo Max arregla el piso y en cómo la mira. Hay algo en esas paredes, en los temblores del tren, en las copas con vino que parecen sangre estrellada sobre pisos blancos. Hay algo perturbador en que el abuelo de Max aparezca de repente y tenga los ojos amenazadoramente cansinos y abismalmente negros de Christopher Lee. Pero Juliet se muda igual y empieza un escarceo torpe con el dueño del lugar. De repente el tiempo vuelve y la casualidad y la suerte demuestran haber sido una extraña posesión fanática.  

En los cimientos de los edificios está lo que no queremos ver, lo que preferimos imaginar, lo que creemos irreal. En cierta forma se parecen a nuestra psiquis: conectan todo, permiten asomarnos a pensamientos o situaciones que nos son vedadas y también son un buen escondite. Desde el laberinto de cables, luces y vigas es Max quien controla pasivamente a Juliet. Su masculinidad está refrenada por las paredes, su cuerpo está atrapado dentro del cemento y es sólo su mirada la que escapa por entre las grietas para alcanzar el objeto deseado. Cuando la posesión visual ya no sea suficiente, lo que se imaginaba incorpóreo adquirirá una peligrosa dimensión física: será el cuerpo entero y contundente  de Max el que la vigile desde la misma habitación. Cuando Juliet sospeche de su falsa soledad, pondrá cámaras que le devolverán su propia imagen, pero también los momentos en que su cuerpo es inmovilizado y poseído ya no sólo por una mirada narcótica, sino por el deseo ahora liberado de los límites voyeurs. Mientras tanto, otros cuerpos adormecidos e inmóviles miran a los que observaron y a los observados, gozan con el despertar de Juliet, con su conciencia de haber sido vista. Quizás se preguntan desde qué otras estructuras seguras ahora estarán siendo espiados y esperan su propio shock de adrenalina en la butaca.

 


Invasión a la privacidad (The Resident, Estados Unidos/2011). Dirección: Antti Jokinen. Con: Hilary Swank y Jeffrey Dean Morgan. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 91 minutos.

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