Siento que debería empezar la nota admitiendo que soy, de hecho, un fan de la serie Destino Final. De alguna manera puedo identificarme con la línea de pensamiento que subyace a sus argumentos porque yo también en algún momento fui un neurótico obsesivo. Este tipo de pensamiento provoca un miedo profundo a realizar cualquier acción, bajo la hipótesis de que cualquier acción significante terminará invariablemente en mi propia muerte o la de otros. Por ejemplo, en la más reciente entrega de la serie, un personaje femenino se somete a una cirugía láser de ojos; inevitablemente, veremos cómo el láser falla, superando la temperatura indicada, y procede a quemar la retina de su ojo, lo cual le causa una ceguera que la lleva a tropezarse con el ojo del oso de peluche que rompió en su nerviosismo previo, y así caer desde la ventana del séptimo piso hasta el techo de un auto. En el pensamiento neurótico obsesivo, esa cadena de acontecimientos es perfectamente lógica.
Para mí, estas elaboradas escenas de muertes típicas de todas las películas de Destino Final operan como visiones que los personajes utilizan para validar la negación de su propio libre albedrío. Aunque la mencionada anteriormente o cualquier otra escena de muerte en Destino Final 5 pueden ser terroríficas en sí mismas, no alcanzan a conformar una película de horror. Ésta es una película demasiado aburrida como para serlo, porque carece de un aspecto crucial, a saber, “lo horroroso”. Lo horroroso es esa invasión de lo incognoscible en el mundo de lo racional que nos causa pavor. Lo horroroso no es que Michael Meyers asesine a los habitantes de Haddonfield, Illinois, sino la absoluta imposibilidad de comprender sus motivos. Lo horroroso no son las muertes causadas por el monstruo de Frankenstein sino aquello, desconocido, dentro del rayo que engendró su vida. La amenaza de la muerte es utilizada en las películas de horror como una técnica de la mente racional para reconvertir el miedo a lo desconocido en un miedo más práctico, el miedo a morir. La genialidad de David Lynch consiste en que puede evocar lo horroroso sin la necesidad de la asociación inmediata con la muerte, como puede verse en una escena como la de los conejos en Inland Empire.
Mientras las películas de horror clásicas y el cine de Lynch se apoyan fuertemente en el miedo a lo desconocido, el argumento de Destino Final 5 se centra en la estricta rigidez con que la muerte persigue a los ocho personajes que sobrevivieron al accidente fatal en el puente Lions Gate en Vancouver, Canadá. La historia cuenta como cada personaje morirá en el orden en que deberían haber muerto si el protagonista no hubiera tenido una premonición y salvado sus vidas. La única manera en que los personajes pueden evitar morir es matar a otra persona, y así intercambiar su vida por la propia. Creo que esta carencia de libre albedrío de los personajes es una forma de evitar el horror de lo desconocido, y que las elaboradas escenas de muerte son fantasías que ocultan un anhelo desesperado de retorno a lo horroroso.
Una explicación de estas fantasías de muerte se puede encontrar en la definición de Sartre del concepto de vértigo; ese miedo que uno experimenta cuando se asoma a un acantilado, que no es miedo de caerse sino de arrojarse uno mismo al precipicio. Es el miedo a comprender el libre albedrío en toda su extensión y la responsabilidad que conlleva. En el mundo de Destino Final 5, donde el horror de lo desconocido ha sido eliminado, la única libertad que tienen los personajes y su único camino de salida es la creación de elaboradas fantasías sobre la posibilidad de su propia muerte.
La ausencia de lo incierto se manifiesta de maneras interesantes en el uso de las locaciones en Destino Final 5. En las películas de horror clásicas los personajes deben abandonar el mundo de lo cotidiano para entrar en el mundo de los desconocido, simbolizado por locaciones tales como la mansión abandonada o el cementerio, donde el uso de niebla o iluminación contrastada generan una sensación de ocultamiento. En cambio, las locaciones en Destino Final 5 son espacios cotidianos de la vida mundana de estos 8 empleados corporativos, muy iluminados, donde todo está a la vista.
La totalidad de la película se desarrolla en la ciudad de Vancouver, que es un perfecto ejemplo de ciudad moderna, cuidadosa del medio ambiente, con grandes edificios de vidrio yllena de gente activa pero vaciada de todos los peligros que la vida urbana implica; una ciudad que afirma tener la mayor cantidad de Starbucks en el mundo es la locación perfecta para situar una historia sobre personajes con deseos suicidas ocultos. Algunas escenas de muerte se desarrollan en una casa de masajes, un gimnasio, la cocina de un restaurante elegante; escenarios placenteros de la vida burguesa. El espanto que provocan las locaciones de Destino Final 5 reside en esta falta de misterio, la posibilidad de que no exista nada debajo de la superficie. Frente a este aterrador aburrimiento, los personajes toman la decisión moralmente correcta, la de imaginar las más elaboradas maneras de matarse a sí mismos cumpliendo dos objetivos; abandonar el mundo de lo demasiado conocido y abandonarlo de manera tal que le añada un poco de misterio.
Que todas las películas de Destino Final traten sobre personajes que tienen visiones de sus propias muertes me da esperanzas. Para mí, estas visiones señalan que ellos todavía tienen la sensación de que algo falta en su mundo y quieren salir de él; imaginar la muerte en camino a un retiro corporativo quizás es el único vestigio de rebelión posible. Pero aún espero el momento en que lo horroroso regrese a las películas como signo de que el cine ha vuelto a aceptar la responsabilidad del libre albedrio.
Destino Final 5 (Final Destination 5, Estados Unidos/2011). Dirección: Steven Quale. Con Nicholas D’Agosto, Emma Bell, Miles Fisher, Ellen Wroe, Jacqueline MacInnes Wood, P.J. Byrne, Arlen Escarpeta, David Koechner, Courtney B. Vance y Tony Todd. Fotografía: Brian Pearson. Música: Brian Tyler. Edición: Eric Sears. Diseño de producción: David Sandefur. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 92 minutos.