Las boludas
 
Por Victoria Ceccotti 


 

Película: Rompecorazones
(L'Arnacoeur )

Dirección: Pascal Chaumeil 

Origen: Francia/2010

Fecha de estreno: 02 de Junio de 2011

 
 
Rompecorazones

En Una esposa de mentira, Adam Sandler se hace pasar por un tipo infelizmente casado porque tiene un miedo extrañamente movilizante a que (como ya le pasó) las mujeres simplemente se conformen con él. No miente por deporte o de langa, sino a modo de supervivencia,  para autoprotegerse de esas malas minas que tanto gustan a los hombres y para poder moverse rápidamente a la próxima sin resultar herido. En Como si fuera la primera vez Sandler engaña a cuanta mujer se le cruza en el camino, pero esta vez es simplemente porque ninguna es lo suficientemente ideal o imperfectamente perfecta como para que él decida pasar algo más que una noche con ellas. Las mentiras con las que se escabulle de forma estrepitosa son siempre enormes e implican una razón que no involucra a sus compañeras de turno, como la protección de la patria, descreer de los celulares o de los mensajes de texto (ah, la sabiduría sandleriana…). En ambos casos él zafa y nosotros reímos… ¿pero y esas mujeres ahora solas? Ellas, pese a ser “abandonadas”, están bien. ¿Por qué? Porque sabían con qué reglas jugaban: en el caso del falso matrimonio, lograron darle y compartir un momento-oasis de felicidad y sexo sin compromiso (porque él ya tiene una -muy mala- pareja) con un pobre tipo que la pasa mal; y en el segundo, sienten el embriagante efecto de haber estado con un héroe, alguien que no quería dejarlas y que sus actividades extremadamente viriles obligaron a huir, o simplemente saben que pasar una semana en Hawai con un tipo implicaba mucho sexo y poco más. Resumiendo: ellas la pasan bomba, él la pasa bomba, nosotros también y –nos consta a través de variados testimonios- nadie sufre.

 

En L’Arnacoeur hay un pobre intento de asociación con este tipo de relaciones, pero a los pocos minutos nos damos cuenta de que las motivaciones son, al menos, dudosas: la satisfacción personal de hacer bien un trabajo –y no la siempre más loable satisfacción así a secas- y la plata. Alex y su equipo forman una empresa que es contratada por padres, amigas o hermanos de mujeres que se encuentran “atrapadas” en relaciones fallidas, para que se encarguen de separarlos. Pero son fallidas para esas personas externas a la pareja, y aparentemente, las mujeres en cuestión son, siempre, víctimas: no son pelotudas que no se dan cuenta lo que pasa a su alrededor, taradas que eligieron mal, cómodas que les da fiaca terminar su relación. No. Ellas son víctimas y sobre todo, estúpidas que necesitan que quienes las rodeen tomen decisiones y hagan el trabajo sucio de pensar por ellas. El equipo se disfraza, dispone escenarios, sabotea unas cuantas cosas, soborna otras tantas y finalmente y después de alguna falsa puesta en escena, llegan al clímax: la novia que todavía no sabe que va a dejar a su pareja se cruza con Alex y en un supuesto pase mágico (o aburridos cálculos e investigaciones) ellas quedan prendadas de él, ahí, al filo de su barba y de la infidelidad. Pero Alex se hace el difícil, el conflictuado y sobre todo el histérico y les dice a todas y cada una de esas mujeres que no pueden estar juntos porque él está “en otro lugar ahora” y ellas, presas de esa falsa y berreta hipnosis, acceden al corte. Quedan en su barba, enroscadas en sus rulos, colgadas de su imagen y vuelven con sus novios a quienes, ahora sí y misión cumplida, abandonan. Sin que a la mini-pyme de Alex le importe, esas mujeres acaban con el corazón doblemente roto: se dan cuenta que estaban en una mala relación o que al menos no las satisfacía (a ellas… o a la gente que andaba por ahí, ¿a quién le importa, si total alguien va a pagar por el servicio?), y encima, conocen a un chico perfecto, ideal, pero que misteriosamente no puede estar con ellas. Doble decepción, doble depresión, doble porción de mousse de chocolate esa noche en la ahora doblemente grande cama.

 

Y “los rompecorazones” hacen de las suyas hasta que se encuentran con el típico caso urgente, necesario (hay deudas que pagar en la empresa) e imposible: la chica, por supuesto, va a despreciar al galán creado a base de cartón, no va a caer en la trampa o no le va a importar nada. ¿Y cuando termine este caso Alex se va a enamorar porque ella no le da bola y es única y especial y retorcida y en el fondo medio grasa porque le gusta Dirty Dancing y él va a tener que ser honesto quizás por primera vez en su vida y jugarse y confesar todo? Quizás, pero quizás después de tanta peripecia, de tanto lugar común, de tanto paisaje y traje blanco, el director eluda astutamente algunas explicaciones, lo que no va a compensar tanto deporte de elite al hacer mentiras costosamente grandes. Quizás mini-pyme y director crean que cuanta más plata haya invertida, habrá más falsa felicidad vendida como porción de una inexistente torta antidepresión.

  


Rompecorazones (L'Arnacoeur, Francia/2010), de Pascal Chaumeil, con Romain Duris, Vanessa Paradis, Andrew Lincoln y Julie Ferrer. Distribuidora: Impacto Cine. Duración: 98 minutos.

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario
corto | largo

security code
Escribe los caracteres de la imagen


busy
 
Otras Críticas

Batalla naval

Es curioso como actualmente Hollywood parece acercarse conceptualmente a la industria del cine porno. Sí, del cine porno. La excusa en ese caso es que la historia es completamente secundaria y que apenas se graban unos pocos diálogos sin sentido que desencadenan la...

Ánima Buenos Aires

Si hacer cine en la Argentina ya resulta de por sí una tarea árdua de proporciones cuasi épicas, atormentada por problemas de producción y, sobre todo, difusión, entonces hacer cine de animación es casi un imposible. La animación...

Un Zoológico en Casa

Cerca del final de Un Zoológico en Casa, cuando es el día de la inauguración del zoo, la Fanning adorable le pregunta a Scarlett Johansson si se quedaría con animales o personas de tener que estar obligada a elegir. Scarlett mira a Matt Damon y...

J. Edgar

Cómo será acercarse a una edad en la que se empieza a ver que todo termina es algo que sólo lo puede saber y decir quien tenga la autoridad del tiempo transcurrido. Clint Eastwood la tiene y lo más admirable en él es que igual prefiere dudar...