Un proyecto que promete “actualizar” el famoso cuento de caperucita roja para un público presuntamente adulto adelanta de antemano el descontento para con muchos sectores distintos del amplio target al que pretende apuntar. Y luego de saberse que quien adaptaría la historia en cuestión sería la directora de Crepúsculo, quedó bastante claro que la película sería un subproducto comercial para adolescentes con acné hasta en el cerebro. Lamentablemente cinco minutos de película alcanzan para corroborar que el prejuicio es efectivo y se cumple.
Llama la atención ver en los créditos iniciales el nombre de Leonardo Di Caprio como productor asociado, y más sorprendente aun se vuelve al indagar y advertir que el cerebro detrás de la idea de dicha adaptación vino precisamente del protagonista de El Origen y La isla siniestra.
La historia es simple y pese a vender una supuesta vuelta de tuerca innovadora, no existe tal cosa ya que tanto el desarrollo como el final son tan predecibles como aburridos. Amparándose en una formula efectista y mediocre (la de la infinitamente vulgar saga de Crepúsculo), la película de Catherine Hardwicke cumple con lo que promete: un producto de tinte romanticón adolescente con un bello envoltorio compuesto por una masiva campaña promocional, un par de caras bonitas y toneladas de edulcorante que sólo un adolescente es capaz de digerir.
La chica de la capa roja (RED RIDING HOOD, EE.UU./2011) / Dirección: Catherine Hardwicke / Guión: David Johnson / Fotografía: Mandy Walker / Elenco: Amanda Seyfried, Gary Oldman, Julie Christie y Max Irons Irons / Distribuidora: Warner / Duración: 105 minutos.