Escenas frente al mar 2 : Algo más de lo que dejó Mar del Plata

por Mariano Torres

MELANCHOLIA, 2011/ Dinamarca/Francia/Suecia/Alemania. Dirección y guión: Lars Von Trier

 

La ficha de IMDB reza lo siguiente “Posiblemente Lars Von Trier sea el director más ambicioso y visualmente distinguible en emerger de Dinamarca desde los tiempos de Carl Theodor Dreyer, sesenta años atrás”. Melancholia, su último opus que, como no podía ser de otra manera, llega cargado de aplausos y controversias, parece querer confirmarlo.

Con un prólogo que recuerda a la pomposidad de las cámaras lentas con fotografía impecable de su anterior obra, Antichrist, pero que a aquí, a diferencia del anterior film, funciona, este relato apocalíptico se concentra en dos tipos de destrucciones absolutas: por un lado, el de la psiquis de los personajes que retrata, y por el otro, el del mundo entero, que en comparación con lo anterior parece inclusive menos grave.

Con la excusa de un planeta desconocido que un mal día se entrecruza con la órbita de la Tierra, el realizador de Bailarina en la Oscuridad y Dogville indaga en los últimos días de una familia venida a menos, pese a las amables apariencias burguesas de la high society. De dicha familia se desprenden dos atormentadas hermanas, Justine (Kirsten Dunst, en su mejor trabajo a la fecha) y Claire (Charlotte Gainsbourg), y así se divide el film en estos dos capítulos. El primero, que concierne a la menor, Justine, sirve de preámbulo para la destrucción anímica y luego física, mientras que el segundo se concentra en la agonía inevitable y supone una curiosa inversión de roles entre las protagonistas.

Von Trier elige dejar en un segundo plano la amenaza del planeta que lleva el título de la película, y en su lugar desarrolla los altibajos psicológicos de las protagonistas y de todos aquellos que las rodean. En otras palabras, el otrora creador del Dogma ´95 hace gala de técnicas y recursos cinematográficos avanzados, pero a la vez se despacha como un Michael Bay a la inversa. El resultado es de lo más interesante de su reciente filmografía.

 

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CORMAN´S WORLD: EXPLOITS OF A HOLLYWOOD REBEL

 

Hablar de Roger Corman es hablar de un héroe injustamente anónimo: los títulos de realizador (como director y productor) de más de 400 películas, distribuidor de cine europeo y del mundo en épocas culturalmente proteccionistas, y padrino de figuras de la talla de Scorsese, Coppola, Demme, Dante, De Niro y otros, hablan por sí solos. Y sin embargo hay mucho más detrás de la historia del hombre que de alguna manera supo convertirse -casi sin quererlo- en la espina dorsal de un sistema al cual siempre rechazó o miró desde el costado. La ironía, sin embargo, jamás pudo detenerlo: cuando Hollywood, acostumbrado ya a robarle sus directores y actores, decidió dar un paso más allá y robarle inclusive sus temáticas y estilos para convertirlos en pochoclo de lujo (ese que se cobra diez veces más de lo que vale), el ya por demás prolífico realizador no escondió su enojo, y contratacó de la mejor manera: robando entonces, fiel a su estilo, las sobras de lo que otros ya habían cocinado por él.

Pero lo interesante del documental de Alex Stapleton no es tan sólo el racconto de talentos célebres que hoy con emoción lo recuerdan, sino el testimonio de sus más allegados (hermano y esposa, puntualmente), que intentan explicar el porqué de las elecciones alternativas, rebeldes y hasta subversivas (ver el pasaje de The Intruder, film maldito -por ser el único fracaso comercial- de su filmografía y que le valió el insulto de “¡comunista!”) que Corman tomó como base para su interminable carrera.

La cronología da cuenta de las diversas etapas que recorrió, siempre con éxito, el director que mejor supo interpretar a Poe en cine, y del desfile de realizadores famosos que le agradecen la vida en el cine, hay uno en particular que se destaca por lo distendido de sus palabras, al punto de que el recuerdo y la nostalgia lo deja al borde del llanto: Jack Nicholson, agradecido como a un padre que en su momento, durante más de una década, supo ser el único que le depositaba su confianza, y un par de cheques como para no morir de hambre en la industria. Lo demás, es historia: Corman sigue imbatible, al márgen del sistema, y sin ocultar su disgusto por el mismo: en una clásica entrevista, opina que le parece hasta obsena la cantidad de dólares invertidas en las producciones actuales cinematográficas, y aconseja a los empresarios y directores de no participar en esa locura colectiva. La entrevista, claro está, data de hace ya muchos años y sus palabras cayeron en obvios oídos sordos, pero al menos por su contribución innegable al Séptimo Arte, la Academia de Hollywood se vio casi obligada a darle un Oscar a la trayectoria. Para cuando lo recibió, genuinamente emocionado y agradecido, el gigante Corman se encontraba produciendo al menos otras ocho películas. Y al día de hoy, sigue sumando.

 

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SCABBARD SAMURAI

 

Hitoshi Matsumoto pertenece a la misma escuela cinematográfica y televisiva que Takeshi “Beat” Kitano. Y se nota. Capaz de narrar con maestría un estallido de gags absurdos para luego explotar en un infernal hara-kiri sin olvidar los códigos propios del cine de samurais, Matsumoto hace de su obra un registro cómico que puede virar 180 grados hacia el drama total y no perder siquiera mínimamente la cordura.

La tragicómica historia de un Samurai que ya no quiere (o no puede) sacar su espada y huye a su destino, coquetea no sólo con múltiples géneros sino con las emociones del espectador, que no puede sentir menos que simpatía por las penurias de un antihéroe que no se esfuerza (o no lo suficiente) para dejar de serlo. Su hija, frustrada y avergonzada por las decisiones de su padre, cobra importancia a medida que avanza el largometraje, al punto de convertirse en la verdadera protagonista del descarnado circo absurdo que tiene condenado a su progenitor, y es quien finalmente termina de redondear la historia, entre lágrimas y risas, con un climax tan emotivo como desgarrador.

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