|
por Victoria Ceccotti

La sequía es llamativa. Tiene algo que hipnotiza pero a la vez nos aterra, es algo así como el vértigo, que invita a caer en esa profundidad temida. El sol calienta por partida doble al dejar caer el abrasivo calor y rebotar en el suelo. Pies y cabeza arden por igual, la sombra se hace desear. El aire seco anticipa la cercanía de la muerte, el futuro en forma de polvo que inevitablemente nos espera, es el rastro que deja como seña de su paso.
Una caravana que atraviesa el todavía inhóspito centro-sur de EE.UU. se empapa de mortalidad. Con el correr de los días el agua se agota, el terreno se dificulta, la ubicación se pierde. Las relaciones entre personas se vuelven tan ajenas que lo único real son esas partículas de espacio que todavía generan algún tipo de contacto. El polvo se impregna en los rostros cansados y enrojecidos por el sol, se intenta colar entre las arrugas, pero se establece y no abandona las manos. En Meek’s Cutoff el polvo es el parámetro que ilustra el conflicto: cuanto menos clara sea la visión, cuantas más nubes amarronadas se divisen, menos posibilidades habrá de llegar a destino (las deseadas y siempre rumoreadas buenas tierras), y el polvo que vuela (el que anuncia el movimiento de un otro) implicará un manso torbellino cercano al peligro y a la muerte.
Por contraposición al polvo que se mueve, se encuentra el aún más terrorífico polvo que se posa por la quietud. Es peor porque no anuncia nada, no hay nada de lo que se pueda huir ya, sino que reafirma irrevocablemente el paso estático del tiempo. En Il Gattopardo un travelling lateral nos muestra a la aristocrática familia Salina sentada en una iglesia. Lo curioso es que no están junto al resto del pueblo, sino al costado, en asientos con divisiones para cada uno y con respaldos altos que los refugian. Entre la madera en forma de arco que tienen tras sus espaldas y los apoyabrazos que los separan, parecen encerrados, atrapados. Lo llamativo es la quietud de esos cuerpos, cómo la cámara pasa por ellos y no pestañean, cómo no se mueven… y cómo están cubiertos de polvo. Incluso los más chicos tienen los cabellos encanecidos, los vestidos grises, las narices blancas. Sabemos que están vivos pero su estatismo nos pone a prueba. Lo que está muerto, quieto, agonizante, son sus vidas como aristócratas, es el estado de las cosas, es el fin de una época que ellos representarán hasta dentro de muy poco. El polvo es el último manto de piedad, es la última vestimenta de un orden que concluye, son las cenizas de un fuego extinto.
Lo malo del polvo es que no desaparece. Por más que se sacuda, queda adherido como si el sudor fuese la única fuente de húmeda vitalidad y el polvo estuviese sediento hace centurias.
Meek’s Cutoff. Dirigida por: Kelly Reichardt. Con: Michelle Williams, Bruce Greenwood, Will Patton, Zoe Kazan, Paul Dano, 2010.
Il Gattopardo. Dirigida por: Luchino Visconti. Con: Burt Lancaster, Claudia Cardinale, Alain Delon. 1963.
 |